PARASHAT TAZRIA METZORA
Rabino Yerahmiel Barylka
¿Quién es el hombre que desea vida, que desea muchos días para ver el bien? Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal, y haz el bien; Busca la paz, y síguela. (Tehilim 34: 13-15)
La lectura de esta semana incluye, entre otros temas, las leyes relacionadas con la tsaraat, un padecimiento que nuestros sabios asociaron con el pecado de lashón hará, “hablar mal del otro”.
La tsaraat es una manifestación física de una enfermedad espiritual.
Aunque los signos físicos de la tsaraat ya no son identificables en estos días, ello no significa que la enfermedad espiritual haya desaparecido. Al contrario, en cada generación regresa con nuevas energías.
Lashón hará es un síntoma de una enfermedad social profunda y contagiosa.
La guemará Berajot 17a, nos revela que cuando Mar hijo de Raviná, terminaba su plegaria, decía lo siguiente: “Dios mío, libra mi lengua del mal y mis labios de hablar falsedades; y ante quienes me maldigan, que mi alma calle, y que mi alma sea como el polvo para todos. Abre mi corazón a Tu Torá y que mi alma persiga Tus mandamientos. Líbrame de los malos encuentros, de la inclinación al mal, y de todos los males que amenazan venir al mundo. Y de todos los que traman el mal contra mí, anula pronto su consejo y frustra sus pensamientos. Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón ante Ti, oh Eterno, mi Roca y mi Redentor”. Esta plegaria se hizo imprescindible al grado que la integramos al concluir la Amidá, todos los días y decimos “E-lohai Netzor Leshoní Merá”.
No parece que la rogativa tenga mucho éxito en nosotros o que el mal esté tan enraizado que no puede tener efecto. Aunque nosotros y nuestros antepasados hemos orado estas palabras durante muchos siglos, esos males no han desaparecido. Seguimos enfrentando calumnias, odio y difamaciones maliciosas, mientras seguimos orando para que el Todopoderoso nos proteja de los males que provocan.
En nuestro tiempo somos testigos del aumento de patrones de odio, división y difamación, también de la organización programada de grupos intolerantes que utilizan los medios de comunicación para difundir mentiras y odio. Líderes fanáticos y sectarios promueven el antisemitismo, el racismo y la violencia política. Las universidades —que deberían ser bastiones del humanismo— se han convertido en focos de violencia y extremismo.
En demasiados círculos, se ha puesto de moda enfatizar todos los defectos de Israel y minimizar los asombrosos logros históricos de este país.
Las calumnias, las falsas acusaciones, el odio y las difamaciones resultan inquietantes, no solo para los judíos, sino para todos aquellos que promueven una sociedad civil en la que todas las personas sean tratadas con justicia y respeto.
Lo que sucede en el mundo después de la guerra de Simjat Torá, demuestra que una vez que el odio queda sin control, el veneno se propaga.
Las noticias falsas, que se basan en información inexacta y que a menudo se publican o comparten deliberadamente en los medios de comunicación y las redes sociales, pueden constituir una forma peligrosa de obtener información. Al compartir noticias, la gente no suele pararse a pensar si el artículo podría ser falso y, en una era de acceso instantáneo a Internet y plataformas de redes sociales, las noticias se difunden a millones de personas con solo pulsar un botón. Y ahí radica el peligro.
Los actuales líderes políticos, intelectuales y espirituales del país no han abordado los problemas con la suficiente seriedad y no han logrado crear un mensaje más positivo y unificador. En muchos casos son los que discretamente envían a sus partidarios a hacer el trabajo sucio. No solo necesitamos hablar y actuar contra el odio y la intolerancia; debemos articular un mensaje positivo sobre la sociedad civil, sobre los valores que hacen que Israel sea un bastión de la libertad
La Torá afirma que quien padece tsaraat necesita someterse a un proceso de purificación que, sin duda, como lo establece la Torá Oral, era un castigo ejemplar y profiláctico. El Talmud, en Arajín 15b–16a, enseña que la tsaraat viene principalmente por lashón hará. Que la palabra metzorá, quien sufre de tsaraat se relaciona con motzí shem ra (“el que saca mal nombre”).
En Arajín 16b … se pregunta: ¿Qué tiene de diferente y notable un metzorá, para que la Torá diga: «Habitará solo; fuera del campamento estará su morada» (Levítico 13:46)? Se respondió: Al pronunciar palabras maliciosas, separó al marido de la mujer y a una persona de otra; por eso es castigado con la lepra, y la Torá dice: «Habitará solo; fuera del campamento estará su morada». En Moed Katán 5a, Rabí Yehuda ben Levi dice: ¿Qué tiene de diferente y notable un leproso, que la Torá establece que debe traer dos aves para su purificación (Vayikrá-Levítico 14:4)? El Santo, bendito sea, dice: Actuó pronunciando palabras maliciosas con un acto de chismorreo; por eso la Torá dice que debe traer una ofrenda de aves, que gorjean y chismorrean todo el tiempo. El Talmud, en Moed Katán 15a, Rabí Abahu dijo: … “Y el leproso en quien esté la plaga, sus vestidos serán rasgados, y el cabello de su cabeza irá suelto, y se cubrirá el labio superior, y clamará: ¡Impuro, impuro!” (Levítico 13:45), esto enseña que el leproso debe informar al público de su angustia, y la gente pedirá misericordia en su favor… La Guemará responde: Si el versículo solo viniera a enseñar una idea, habría dicho: «Y él gritará: ¡Impuro!». ¿Qué se deduce de la repetición de «impuro, impuro»? De esta reiteración se desprenden dos ideas: en primer lugar, que el leproso debe informar al público de su dolor para que otros recen por él, y, en segundo lugar, que debe advertir al público que se mantenga alejado para que eviten entrar en contacto con él y contraer impureza ritual.
Si pudiéramos aislar al maledicente, impedirle participar en la vida política y social hasta que se haya purificado de su mal, y ponerlo ante los micrófonos y las cámaras para que reconociera públicamente: “impuro, impuro”, quizás también hoy podríamos ayudarlo, y la tefilá “E-lohai, netzor leshoní merá” habría cumplido plenamente su función.
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